lunes, 6 de octubre de 2008

¡DESPERTAD Y DESPERTAOS MUTUAMENTE!



“¡¡¡¡Riiiiingggggg!!!!” Son las 7 y media de la mañana, y con pereza manoteás el despertador que suena y suena en tu mesa de luz. Lo único que querés es que deje de sonar… aunque sepas que tenés que despertarte, la realidad es que querés dejar de escuchar ese ruido chillón, porque despertarse es incómodo y molesto.
El despertador es el peor enemigo universal del ser humano (sin importar color, género o nacionalidad) porque es aquel que nos saca de la comodidad de nuestros sueños, de la felicidad de nuestro mundo de mentiritas; nos despierta de nuestras mejores fantasías donde somos aquellas que nos gustaría ser, y donde las reglas las ponemos nosotras y nadie más.
Sin embargo, si el despertador no sonara, viviríamos entre almohadas, soñando con lo que nuestra vida podría haber sido, pero sin hacer nada por que esos sueños se vuelvan realidad. Si el despertador no sonara… nos quedaríamos dormidas. Pero nadie nació para dormir. La vida está para vivirla, no para dormirla y soñarla. Todos estamos llamados a despertarnos, a activarnos, a hacer algo por nosotros y por el mundo, incluso aunque eso signifique resignar nuestro mundo de ensueños. ¿Conclusión? Es necesario que me despierte si quiero hacer que mi vida valga la pena; ergo son necesarios los despertadores.
Ahora, señoras y señoritas, no se dejen guiar por las apariencias. Los despertadores no solo vienen de metal, eléctricos o incluidos en un celular. Despertador es, por definición, todo aquel ente “que despierte”, ya que es un objeto que se define por la acción que cumple, ¡y cuantas cosas en nuestra vida nos despiertan, nos recuerdan que no estamos soñando; que tenemos una sola oportunidad para vivir nuestra vida! Ya los antiguos griegos, padres de la filosofía, hablaban de hechos concretos, de dudas y cosas sin entender que “despertaban” la mente del hombre llevándolos a vivir la increíble aventura de conocer el mundo y conocerse a sí mismo. Ellos decían que las dudas y las preguntas eran uno de los caminos para despertar el pensar filosófico, el pensar profundo.
Así como los griegos, a lo largo de mi corta vida pude también encontrar despertadores de todos los tamaños y formas: profesores de facultad, compañeros de colegio, situaciones extremas, sorpresas, cruces, catástrofes mundiales, injusticia social, actos de heroísmo, personas especiales, actos de verdadero amor… y así podría seguir. Todos tienen algo en común: los despertadores son personas, situaciones o cosas que incomodan, que nos increpan; son ese “riiiiiing” en el medio del silencio que nos hace saltar de la cama, como aquella nota de la sinfonía que no suena armónica, que el oído escucha especialmente porque no suena igual. Aquello que “no pega” DESPIERTA. Aquello distinto DESPIERTA. Aquello original y singular DESPIERTA.
A través de cada una de esos sucesos que al principio nos parecen “molestos”, Dios quiere despertarnos para algo… o mejor dicho para Alguien, para El. Porque solo los que están despiertos verán a Dios (podríamos agregar esa Bienaventuranza); y solo los que ven a Dios serán santos.
Estamos llamadas a ser despertadoras nosotras mismas también, a ser esas “piedras en el zapato” que ayuden al mundo a salir de su propio egoísmo; de despertar a ese mundo profundo y dormido en cada ser humano. Y como schoenstatteanas, queremos ser aquellos instrumentos de la Mater, para que a través nuestro Ella despierte a todo el mundo para Dios.
Pero para poder despertar primero tenemos que estar despiertas. ¿Qué es estar despierto? Sin duda que no tiene que ver solamente con tener los ojos abiertos. ¿Cuántos zombies hay caminando por este mundo, que duermen poco, pero viven menos aún? Estar despierto es estar atento a las sorpresas de la vida, a las mil y un oportunidades que Dios me da para poder regalarle al mundo lo que soy, lo que tengo en mi interior, aquello para lo que fui hecha: mi ideal personal.
Por eso, hoy las invito a reflexionar, para comenzar a despertarnos: ¿Cuáles son los despertadores de mi vida? ¿Qué situaciones, personas hoy concretamente interpelan mi corazón? ¿En qué cosas soy yo misma un despertador?
La próxima vez que escuches un “Riiiiiing”, entonces, dale gracias a Dios, y procurá que el próximo “ruido molesto que saca de la comodidad” venga de tu propia vida. Vale la pena arriesgarse. Está comprobado casi científicamente que la vida de verdad, vivida plenamente, supera ampliamente nuestros más excelsos sueños.

Angie Spinassi
JF Confidentia

No hay comentarios: