domingo, 14 de septiembre de 2008

El Padre y Fundador nos invita a despertar en Santidad




(selección de textos)

¿Para qué queremos despertar?, ¿para qué queremos despertar nuestra comprensión?
Para la necesidad de nuestro pueblo y de nuestra patria. No necesito describir esta necesidad. ¡Cuántos, de nuestra propia familia han quedado en los campos de batalla! ¿Qué familia no ha pasado por angustias, sobre todo en los últimos años? ¡Cuán fuertemente sufre nuestro pueblo y nuestra patria la derrota! En todas partes escombros morales y religiosos. Queremos despertarnos mutuamente. “Despertad y despertaos mutuamente” frente a la necesidad imperiosa de nuestro pueblo y de nuestra patria. Todos somos hijos de este pueblo, por eso es lógico que interiormente suframos con él su angustia…
Si de alguna manera nos fuera posible, deberíamos empeñarnos con toda el alma para que podamos iniciar un movimiento fuerte y activo. Se debe sentir el triunfo de un movimiento de amor activo, allá donde actúa una hija de Schoenstatt. Queremos transformarnos en Pequeñas Marías.

Se dice de Cristo que vivía haciendo el bien. Lo mismo podemos decir de su Madre. Pero también nosotros debemos hacer de la misma manera las obras de caridad materiales y espirituales. En todos aquellos lugares en que Dios nos ha colocado, queremos disminuir las necesidades, hacer obras de caridad. No solamente por palabras queremos ser hijas de Schoenstatt por nuestra elocuencia, sino también por el hecho de dejarnos transformar interiormente. Y esto lo demostramos haciendo el bien en todas las ocasiones que se nos presenten. “¡Señor no tienen más vino!”, son palabras de la Sma. Virgen, que encuentran en nosotros una fuerte resonancia. Nuestro pueblo “no tiene más vino”. El dominio moral, la salud, la seguridad económica, la aspiración religiosa y moral, todo esto le falta a nuestro pueblo. Es la Sma. Virgen, quien pone estas palabras en nuestros labios y quien une sus manos con nosotros, implorando una gran bendición para todo el país.

¿Y cuál es la misión de Schoenstatt? Abran el acta de fundación. Allí escuchamos al final, palabras vigorosas de la Sma. Virgen: “No crean que en el tiempo actual sea algo extraordinario si Ustedes aumentan al máximo las exigencias…” ¿A quién le fueron dirigidas estas palabras? A la juventud masculina de 1914. Es como si la Sma. Virgen digiera similares palabras. “Si ustedes se esfuerzan por traerme aportes al Capital de Gracias, es decir, si comienzan a considerar al Santuario una escuela de santificación, entonces yo me preocuparé para que las palabras finales del Acta de Fundación se hagan realidad”. Son palabras serias.
¿Cuál es ahora una de las tareas más importantes? Colaborar para que nuestro pueblo pueda salir de la corrupción moral y elevarse hacia la luz. Debemos ayudar a que nuestra patria sea nuevamente un país bendecido.
Es una tarea que la Madre de Dios quiere colocar en nuestros días sobre nuestros hombros. Es una tarea tan grande, que puedo comprender que ustedes pregunten: ¿cómo podremos realizarla? Visto más de cerca, significaría: queremos sentirnos responsables de que Schoenstatt pueda crear en nosotras y por nosotras, el hombre autentico; de que Schoenstatt pueda crear en y por nosotras, a la joven autentica, católica, porque eso es lo que necesita hoy el pueblo.
Por el tiempo agitado actual, por los múltiples golpes de la vida, ha desparecido en gran parte lo autentico en el hombre.[1]

¡DESPERTAR A LA MUJER NUEVA!


¡Sí! Debe nacer el hombre nuevo- la mujer nueva, debe ser vencida simultáneamente la mujer nueva- el hombre viejo. ¿Cómo es este hombre viejo?, ¿esta mujer vieja?

Es el hombre burgués, que en todas partes busca su tranquilidad, que aspira únicamente a ella; pero esta tranquilidad es la del cementerio. Una tranquilidad tal no la queremos tener. No queremos ser hombres burgueses. “Despertad y despertaos mutuamente”. (…)
El hombre burgués es también un hombre pesimista. El hombre de hoy esta cansado, no sabe que hacer. ¿A quién se le puede creer?.... Pero nosotros queremos ser una auténtica Juventud Femenina de Schoenstatt, que es optimista y avanza confiadamente.

También debe ser vencido el hombre proletario. Sólo ve su casta. Nosotros queremos salir de la cárcel de un único estado, queremos servir a todo el pueblo. Debe morir en nosotros el hombre viejo, debe surgir el hombre nuevo con toda su actitud amplia, generosa, el hombre que abarca con su interés y su amor a todos los estados sociales, a todo el pueblo. No debo darme únicamente con los de mi clase. ¡Romper estrechez! “Despertad y despertaos mutuamente.”

También debe ser vencido el hombre liberal. Es el que en todas las situaciones busca solamente su propio provecho. Si el hombre burgués quiere su tranquilidad, el liberal quiere trabajar, pero solamente para su propio bienestar.

“Despertad y despertaos mutuamente”. ¡Que se haga el hombre nuevo!, ¡la mujer nueva!
¿Cómo nos imaginamos al hombre nuevo?
Hace un año, por lo menos, se consideraba que debía poseer todas las aptitudes positivas naturales. Físicamente vital y sano. También nosotros aspiramos a ese tipo de hombre, pues “un santo triste, es un triste santo”. No queremos ser hijos de Schoenstatt tristes. La alegría debe irradiar en nuestro rostro. Queremos ser y permanecer originales, por lo menos no queremos tener, por principio, el concepto de que ser bueno, ser religioso, implica ser triste. La juventud quiere ser muy alegre y debe serlo. Tengan en cuenta que tiene una estrofa dedicada a la alegría. (Se refiere al Cántico al Terruño, la cuarta estrofa)

También queremos tratar de conservar la salud. ¿Qué podemos hacer para permanecer sanas, dinámicas, originales? El hombre de hoy esta muy cansado. El año pasado se dijo: “nos conformamos con que la guerra termine de una vez”. Y la única preocupación de hoy es como conseguir lo suficiente para comer, o se piensa solamente en el terrible desprecio que sufre nuestra patria

El hombre actual debería ser también espiritualmente dinámico y vital. También nosotras queremos reflexionar, ser receptivas para todos los valores espirituales. Un auténtico hijo de Schoenstatt debe aspirar a una cierta plenitud espiritual. Queremos ser receptivas y dinámicas no sólo física, sino y, también, espiritualmente. Se debe notar desde afuera. También en este sentido debemos poseer cierto estilo de vida.

Además debemos poseer una voluntad fuerte y riqueza interior. Debemos ser, jóvenes auténticas, es decir, poseer un corazón cálido, sentimientos profundos. También en este aspecto actualmente hay apenas una diferencia entre muchachos y chicas. En todas partes hay demasiada nivelación. La riqueza interior pertenece a una auténtica joven, a una autentica mujer. Se ha hablado de fidelidad, pero en todas partes triunfa la infidelidad.
Todo lo grande y noble que en los últimos años se ha proclamado como puntos programáticos, corresponden también al auténtico hijo de Schoenstatt, a la juventud schoenstattiana.

Pero eso aún no toca lo más profundo. ¿Qué aspectos tiene el hombre nuevo que nosotros queremos encarnar y que debe realizarse cada vez más por medio de nuestras peregrinaciones a Schoenstatt? Estamos orgullosas de creer, de tener fe, en que la Sma. Virgen ofrece aquí gracias de transformación. Hace siglos que sabemos cómo es el nuevo hombre que Ella quiere formar. Es el hombre nuevo en Cristo, y como hijos de Schoenstatt agregamos: en Cristo, tal como vive en la Sma. Virgen. Es la pequeña María, la pequeña maría cristoforme.
Creo que aquí nos debemos detener un poco. Lo que quisiera decir no podrán comprenderlo en todo su sentido, y sin embargo quisiera regalárselo en sincero agradecimiento, porque han escuchado el llamado de la Sma. Virgen y la han seguido, porque están dispuestas a aceptar sobre sus débiles hombros la gran tarea que Dios ha confiado a Schoenstatt, y llevarla victoriosamente hasta el fin de su vida... [2]


[1] J. Kentenich, Llamado a la Misión, Conferencia dictada a la juventud femenina de Baviera, 30.3.1946
[2] J. Kentenich, Llamado a la Misión, Conferencia dictada a la juventud femenina de Baviera, 30.3.1946

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