Mujer Nueva que se divierte sanamente

…Sábado a la noche…
El día perfecto para salir a bailar, haga frío o calor lo importante es salir, hacer vida social. La noche empieza desde temprano organizando la ropa, llamando por teléfono ¿Que amiga se prende esta noche? La rutina sigue en hacer la previa en el lugar top donde se toma algo, se rumorea dónde puede ir la movida esa noche, qué tipo de ambiente se junta y si irán algunos conocidos.
…en el Boliche
Allí nada es fácil, hay que hacer largas colas para entrar, empujones, insultos y a veces con temperaturas bajo cero hay que esperar media hora o más. Adentro es el paraíso, libre de padres, hasta las mas tímidas parecen desencadenadas ¡Nadie nos puede corregir! Las primeras horas sólo queda mirar si hay algún conocido por ahí, porque la música no es bailable es solo fuerte y densa. Mientras mucho de los varones se abalanzan en las barras para empezar sus primeros tragos de la noche, las mujeres caminan de aquí para allá reconociendo caras, otras paradas esperando buena música, otras sentadas con un grupo de amigos, otras aprovechando el tiempo con su chico en un rincón.
Todos sonríen, los hombres paran a las mujeres en el camino, por ahí le largan una caricia de pelo, un piropo, el boliche va llenándose más y más, cada vez más saturado. El humo va impregnando la ropa, el calor va aumentando y se larga la música de fiesta en la última hora de boliche.
Los patovicas empiezan a sacar a los borrachos y los que se pelean, chicas largan el llanto o gritan de la borrachera mientras alguien las ayuda a ir al baño, los que quieren bailar ni siquiera tienen espacio para hacerlo, chicas que se enojan con alguien que se le zarpó, otros andan solos descolgados del montón ¡porque se le perdieron los amigos! ¡¡STOP!!! ¿Es posible encontrar una schoenstattiana aquí? ¿¿Hay una pequeña María por aquí?? ¿Es posible mantener los valores de pureza en un boliche?
¿JF en el mundo o en lo mundano?
Bueno nadie nació marciano, allí esta la JF en medio de lo mundano pero ella está feliz ahí con su medalla de alianza en su cuello, bailando femeninamente, ni siquiera probó un trago en toda la noche y las mira de reojo a sus amigas que están bailando también con otros chicos, tratan de no perderse entre ellas por las dudas que el chico que las sacó a bailar sea medio denso o llegue a zarparse pero la Mater siempre la está protegiendo.
En toda mi adolescencia mi único objetivo era que llegara el fin de semana para que se repitiera una y otra vez la misma rutina bolichera. Peleas con mis padres por la hora de llegada, porque salía súper seguido y sí hay que aceptarlo era más fuerte que yo, era una más de la masa pero en el boliche no era una más del montón ¡Me divertía sanamente! Pero hay que admitir una realidad, dentro de esos salones hay miles de penas ocultas. La supuesta “felicidad” no se veía los días lunes al comenzar las clases, eran sólo caras largas cayendo con la realidad de cada uno, problemas en la familia, desorientación, malas notas en el estudio.
Pero ya el martes estábamos pensando en donde salir el finde. Habían sábados que llegaba cansadísima de Schoenstatt pero llamaba una amiga para salir y me volvían las pilas, el domingo luego era el problema, que apenas existía para ir a misa a visitar a Jesús con unas ojeras por el piso.
Decidí ofrecerlo en Cuaresma, en época del cursillo de facultad ¡40 días sin boliche! ¡Costó muchísimo pero se hizo! y desde ahí, hace dos años habré ido unas 5 veces a bailar, es que empecé a ver una realidad que siempre estuvo pero era ciega a ella, observé como hasta amigos caían borrachos al suelo ¡Y yo no podía hacer nada!
¿Entonces, aislarnos del mundo?
No podemos tampoco aislarnos del mundo, ahí van nuestros amigos y estos lugares es donde más que nunca debemos mantener nuestra coherencia de vida. Cuando lo hablé con schoenstattianos a este tema, muchos dijeron que es una etapa que no hay que perdérsela pero también estaban aquellos que no les atraían los boliches que apenas iban dos veces al año.
Otros me dejaron admirados cuando decían que repartían estampitas de la Mater cuando conocían a alguien en el boliche, otros que haciendo cola para entrar se rezaron un rosario, ¡Hasta escuché que una chica llevó la peregrina con ella!!
¿Es posible entonces sobrevivir a un boliche? Es como decir ¿es posible sobrevivir a Bariloche?, claro que sí y María quiere que justo en esos lugares demostremos su amor por ella, la mujer pura es como los rayos del sol que pasa por el barro sin ni siquiera ensuciarse.
Libertad interior
Aunque no son los mejores lugares para hacer amigos ni compartir experiencias profundas con ellos, por eso muchas preferimos juntarnos a cenar, ver una peli, una guitarreada, es ahí donde se construyen amistades y se conocen personalidades. También la familia hay que valorarla, regalémosle un domingo entero que estemos bien despiertas para ellos.
No es quedar como schoenstattianas aburridas, pero sí felices de las decisiones que tomamos, ya que podemos divertirnos sin tomar, ni fumar y sino tenemos ganas de ir al boliche ¡Somos libres y felices por eso! Es demostrar y a la vez contagiar esta libertad interior que de a poco la Mater ha ido educando en nosotras y a la vez envidiable por aquel que esta encarcelado en la masa hace años y que aún sigue creyendo que su depresión se va a ir por una noche de borrachera.
El boliche para nosotras, como Mujeres Nuevas, debe ser una prueba de amor y de vida pura frente de los demás.
Jorgelina Jordá
JF San Juan
1 comentario:
bue la verdad me encanto este articulo!
muy completo y muy cierto!
es dificil para el adolescente,el joven no ser parte de esa "masa"
pero a su vez ... nadie dijo q esto de ser apostoles fuera sencillo! y apesar de q el mundo t ofrece "todo" en realidad no t entrega nada! solo t arrastra a un viaje sin retorno!
pero la tranquilidad de hacer las cosas bien, cdo se llega casa... no tiene precio!
sigan c este tema! profundizandose! pq creo q es importante q no sea tomado a la ligera!
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