sábado, 6 de diciembre de 2008
Editorial
¿Qué es para vos la Santidad?
¿Qué se piensa generalmente cuando hablamos de Santidad?
Uno se imagina con frecuencia que la Santidad consiste en hacer milagros, en realizar todo lo bueno y noble que sólo es posible en sueños… Quizás tenemos la imagen de santo que tenía Karl, el mejor amigo de José Engling, él decía:
"Cada vez que escucho la palabra "santo" aparece ante mi espíritu una personita profundamente asustadiza, de rostro pálido, pómulos salientes, ojos hundidos y vestido con traje de penitente que en la mano izquierda probablemente lleva un crucifijo y en la derecha un enorme látigo."
Sí muchas veces pensamos así… no tenemos en cuenta que los santos eran hombres de carne y hueso como nosotros y que tenían que luchar igual que nosotros… pensamos que la santidad hace al hombre inútil para la vida práctica… En los desafíos que el mundo actual nos presenta muchas veces nos cuestionamos si este ideal es compatible con la mujer y eficiente que queremos ser… si no es algo anticuado... si realmente es para nosotros...
Para nuestro Padre y Fundador, la Santidad es lo más sencillo del mundo, es el amor del niño al Padre... El Padre también solía contar una anécdota que nos puede clarificar su concepto de Santidad:
“Cierta vez el rey quiso saber qué había aprendido su hijo en las clases de catequesis “¿para qué estamos en la tierra?”, le preguntó. La respuesta hubiera sido “para amar a Dios, para servirlo”. Pero el príncipe, en lugar de repetir la frase de memoria, se echó a los brazos del rey diciendo: “Estoy en la tierra para amar a mi papá con todo mi corazón”.”
Este es un modo muy hermoso de definir la Santidad ya que la clave es el Amor. Los santos comenzaron a ser santos cuando se sintieron profundamente amados... y por eso la Santidad es algo muy sencillo porque simplemente es la respuesta de amor a un Amor que nos amó primero, porque es Dios quien toma la iniciativa. Es Dios quien desde toda la eternidad me ama con un amor infinito, quien me eligió como su hijo amado para alcanzar esta gran meta.
Yo sólo tengo que responder a ese Amor, tengo que corresponderlo... ¿Cómo lo hago? Descubriendo su presencia cada día y diciéndole sí a todos sus deseos... Cuando uno ama siempre quiere a ser lo que le da más alegría al Amado, quiere estar siempre en su presencia, junto a Él.
¡Amar al Padre con todo el corazón! ¡Esa es la clave!!! El amor, por lo tanto, es el fundamento de nuestra aspiración a la Santidad, de nuestra voluntad de vivir en la presencia del Padre Dios.
Para descubrir su amor y su presencia en nuestras vidas les proponemos preguntarse:
¿Qué muestra del amor de Dios Padre he recibido en estos días?
Además de saber que la Santidad es mi respuesta de amor también es esencial el querer ser santo.
Sabemos que los santos no fueron santos desde la cuna. No se hicieron santos a través de experiencias místicas... Tuvieron que vencer los mismos obstáculos que nosotras, también tuvieron el pecado original... Podemos pensar en San Pablo que decía: “No hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero” o en San Pedro que negó a Jesús o si pensamos en nuestros santos schoenstattianos; José Engling con su carácter tan fuerte que estallaba en ira, o la Hna. M. Emilie que experimentó por largos años un miedo paralizante, que tenía complejos de inferioridad, celos...
De todos ellos podemos aprender el arte de QUERER... Es decir esa voluntad firme que no se dejaba ganar por los estados de ánimo o por los sentimientos... sino que cuando descubría la voluntad de Dios se lanzaban a realizarla... esto sí que implica heroísmo. Tenemos que quererlo y quererlo seriamente y con perseverancia. Los santos reunían cada día sus fuerzas, ellos no son otra cosa que la buena voluntad de los hombres canonizada.
Ahora podemos responder la tercera pregunta de la ficha:
¿Con qué pequeño gesto puedo empezar hoy mi camino de Santidad?
Ante este ideal tan elevado es lógico que experimentemos nuestra limitación y pequeñez. Este párrafo del diario de José Engling nos muestra su lucha.
“La vida de San Gabriel me guió hacia la vida interior y me enseñó a caminar en la presencia de Dios. Estoy leyéndola por segunda vez, diariamente leo un capítulo (a veces la mitad) y siempre la medito. Su ejemplo me hace ver mis faltas, yo creo haber avanzado mucho y sin embargo no veo otra cosa que faltas en mí. Cuando observo su conducta y quiero orientarme por ella pierdo el valor. Cada virtud que él tenía me parece que me falta a mí. Pero la Santísima Virgen tiene que ayudarme. Debo llegar a ser santo más grande aún que San Gabriel. San Gabriel, dame un gran amor, si un inmenso amor a mi Madrecita y seré perfecto como tú.”
Es natural que sintamos ese descontento de nosotros mismos y es lógico que se nos presenten grandes experiencias de pequeñez... Muchas veces podemos decir: “La que soy saluda con tristeza la que quisiera ser...” Quizás nos haya pasado que después de sellar la Alianza, o después de un retiro o de una misión hayamos caído más que antes… ¿Por qué Dios permite que experimentemos estos fracasos? Porque el reconocer nuestra pequeñez de hijos nos abre el camino a la misericordia del Padre. Porque el fallar quiere ser un volver a empezar. Porque sólo en la pequeñez descubro la grandeza de Dios.
También podemos decir que es muy importante el querer serlo HOY Y NO MAÑANA. La Hna. M. Emilie se decía muchas veces al día: “Hoy debe ser mi día de conversión, hoy debo ser totalmente santa. El Señor me da la fuerza para ello a través de la Santa Misa.”
Por último en el camino de santidad querer se tiene que trocar en ser... Querer ser santo pero también serlo... Serlo en la magnanimidad con que hago cada actividad, en la pureza de mis intenciones, en el amor con que actúo, en lo pequeño y más pequeño... Santo es quien vive santamente. ¡Hoy estamos llamadas a la Santidad!!! LA REVOLUCIÓN DE LA SANTIDAD, QUE NOS PROPONE EL SANTO PADRE, BENEDICTO XVI, EMPIEZA HOY.
Santidad es magnanimidad
“No soy mezquino, no estoy midiendo, no pregunto si debo hacerlo. He aquí la gran jugada: cuanto más apelemos al heroísmo del ser humano, en lugar de apelar sólo a su deber, tanto más y más pronto podremos ganárnoslo. Si no lo hacemos de ese modo, estaremos oprimiendo lo mejor que hay en él." (PK. El hombre heroico)
Santidad es libertad
"No debo decir: tienes que hacer esto; sólo debo decir: puedes hacer esto libremente. O bien, debo hacerlo, pero entonces se está entendiendo más bien un deber hacer que es un honor, un deber para alcanzar mi ideal, no para cumplir una obligación." (PK. El hombre heroico)
“Santidad es fina sensibilidad para lo noble”
"Nos damos cuenta del valor que asigna Ignacio al heroísmo y quisiéramos preguntarnos si nuestra alma ha perdido, quizá el sentido para el heroísmo. Está bien que no pequemos, pero, más allá de esto, tal vez no tenemos ideales. ¿Acaso no ha sido esto nuestra actitud en muchas oportunidades? (…) El núcleo de la actitud interior, del heroísmo, de la magnanimidad debe permanecer siempre. Si queremos corresponder a nuestra tarea, nunca alcanzaremos nuestra meta si medimos con una medida escasa. Hemos de tener un profundo respeto ante los hombres que debieron soportar golpes duros y durísimos y que maduraron en la vida pero que, a la altura de la plena madurez de su vida, han conservado esa fina sensibilidad para lo noble y lo mejor. Por eso debemos renovar en nosotros una actitud de este tipo." (PK. El hombre heroico)
Santidad es humildad
"Esta grandeza de espíritu se encuentra en la misma línea que la humildad. La humildad señala al hombre la actitud que debe asumir al verse separado de Dios: a partir de mí mismo soy infinitamente pequeño, soy nada. La magnanimidad señala al hombre la actitud que debe asumir en unión con Dios: con Dios soy grande, soy valioso, soy la encarnación de una idea de Dios llena de riqueza. Ambas la humildad y la magnanimidad deben estar entrelazadas." (PK. El Hombre heroico)
Santidad es amar
“Mi sí es un sí filial y alegre a mi camino de vida más seguro. Recuerden que ese sí supone igualmente heroísmo y audacia. En estos días imploremos esa audacia en la oración. Escuchamos que sólo quien de alguna manera posea un máximo de amor filial será capaz de tal audacia. De ahí que lo fundamental sea aspirar amar más. (PK. Niños ante Dios)
“Decimos pues que el amor es la esencia de la santidad, profundicemos este pensamiento repasando aquellas palabras de Jesús: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a este.” (Mt.22,37) Para interpretar este pasaje del Evangelio nos puede ser útil la meditación del texto de San Pablo donde el apóstol de los gentiles nos habla del amor como compendio de todo lo que Dios espera de sus hijos.
El amor es una fuerza unitiva y asemejadota. He aquí el pensamiento central que no debemos olvidar tan rápidamente. Si queremos llegar a ser hombres maduros, llenos de Dios y de elevada moral, debemos comenzar lo más pronto posible a amar y esforzarnos por amar hasta el último suspiro. San Pablo nos dice: “Yo olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante.” (Flp.3,13) También nosotros queremos lanzarnos hacia el amor de Dios porque esa es la fuerza unitiva y transformadora. Las virtudes morales transforman al hombre hasta un cierto punto; es recién el amor quien logra transformarlos en profundidad. Podemos decir que el amor es el alma, la madre, la reina de todas las virtudes. Así lo dijo San Pablo en su Himno al amor (1Cor13) donde enumera una serie de virtudes… el amor es paciente, manso, humilde. (PK. Niños ante Dios)
por Mery GiovanardiLos jóvenes miramos a los santos con distancia y admiración, como a integrantes de un panteón sagrado, tan inaccesibles para nosotros como las estrellas de Hollywood. Los vemos invencibles y diestros, autores de valerosas proezas y víctimas de martirios impensados. Hombres y mujeres sobrenaturales en circunstancias adversas. Nada que ver con nosotros, que no sufrimos persecuciones, gozamos de libertad de pensamiento y podemos elegir el estilo de vida que nos apetezca sin ser juzgados. Mc Donalds, delivery, dvds, zapping, tarjetas de crédito. Toda nuestra cultura esta configurada para evadir todo aquello que requiera esfuerzo, sudor y sangre. Por ello la santidad es recluida sólo a altares polvorientos.
¿Cómo hacer un buen packaging para la santidad? ¿cómo hacerla vendible para la juventud? El rostro apergaminado de Teresa de Calcuta. El hermoso semblante de Rosa de Lima tatuado por las cicatrices de su corona de espinas. La fisonomía ensangrentada y el corte varonil de Juana de Arco. El slogan de Santa Teresa: “Aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”. Con estos elementos, nuestro producto permanecería intacto en las góndolas hasta su fecha de vencimiento. En una sociedad instantánea, el sacrificio ya no vende.Tendríamos que contratar a alguna estrella de Casi Ángeles, vestirla con ropa de moda y lentes ultra grandes, y darle una línea graciosa y pegadiza para que la promocione.

Creer que la santidad es inalcanzable es una gran tentación. Esto nos sucede porque la asociamos directamente con prodigios y milagros y eclipsamos lo más vital en ella: la infancia espiritual. Santa Teresita de Lesieux decía:"La santidad consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal”. Nunca nos hubiésemos imaginado que el secreto estuviese en algo tan pequeño y olvidado. Esta niñez consiste en desnudarnos ante Dios, abandonarnos en Él con todas nuestras faltas y debilidades. Sabernos amadas a pesar de todo ello y siempre poder volver al regazo cálido de nuestro Padre.
El costado humano de los santos se revela ante nosotras. La infidelidad de Pedro. Los arrebatos de Pablo. El pasado de San Agustín. El primer paso para hacer a la santidad accesible es convencernos que todas estamos llamadas a ella, por más imperfectas y pecadoras. ¿Pero cómo hacerla atractiva? ¿Cómo contagiar a todos los que me rodean con este ideal? En segundo lugar debemos aprender que santidad no es estatismo contemplativo, sino acción. Es la hija volviendo a su Padre: misionando, sirviendo, rezando, regalando maternidad y alma a su entorno. Este ideal sólo se puede contagiar con alegría. Creer de verdad que aspirar a él requiere más actitud que cualquier hazaña que nos muestren en las novelas. Venderla por lo que es: “Santidad: no es fácil, pero es para vos”. Y por qué no, ponerla de moda.

“Realiza en mí el plan de amor y de misericordia del Padre”
(Rito de Consagración de miembros)
La Consagración de miembros de la JF es un camino original de aspiración a la Santidad. Abierto para cada chica de la rama que haya experimentado en su interior la vivencia del ideal “Hija del Padre, forjadora del Reino”; y que, consecuentemente, tenga el anhelo de regalarle su SI al Padre y colaborar con Él para seguir gestando en el corazón de cada JF, una mujer nueva que aspira a la Santidad!
Este camino de Santidad consiste para mí, en pronunciar y hacer vida las palabras de ese extracto del rito de consagración: “Que se realice en mí el plan de amor y de misericordia del Padre”.
¿Qué significa esto? Y ¿cómo vivo concretamente esa aspiración a la Santidad?
No hace mucho tiempo que empecé a recorrer este camino, pero sin embargo puedo decir y estar segura de que en estos pocos meses que pasaron desde que sellé mi consagración, el Padre me está hablando. Este, entonces, es para mí el primer paso en el camino: darme cuenta de que el Padre me está hablando, personalmente: según mi originalidad, desde mi propia historia de vida…
Ante esto, me surge “pero, ¿cómo entender lo que el Padre dice?” y aquí aparece el segundo paso: la vida de oración. Para poder discernir lo que el Padre me dice, necesito disponerme y escuchar en profundidad, desde el alma. Aunque suena simple, muchas veces no es así. Necesito dedicar mi tiempo: tiempo de oración, visitas al Santuario, encuentros con Jesús en la Adoración y la Eucaristía. De esta manera empezamos a “luchar por adentrarnos, con el corazón, en Dios” y así poder descubrir Su voluntad.
El resto de los pasos depende exclusivamente de los dos primeros y no se puede dar sin estos. Van a consistir en responder alegre y generosamente a aquello que el Padre hable en el interior de cada una de nosotras y poder ponernos en movimiento y actuar en consecuencia.
Aspirar a la Santidad como miembro de la JF es decirle SI al Padre y poner nuestras virtudes y debilidades a su disposición para que se realice en nosotras su plan de amor y misericordia!
Faltan pocos días para que se cumplan tres años de mi Alianza de Amor. Cuando pienso en este pacto que sellé con María no puedo dejar de sentirme privilegiada, porque soy conciente de que me eligió especialmente para ayudarla, libremente, en la construcción del Reino de Dios. Ante esto me surgen varias preguntas; “¿Cómo puedo yo colaborar en algo tan grande? ¿Fui elegida entre tantas personas? ¿Seré capaz, cómo hago? ¿Acaso no hay personas que tengan más herramientas que yo?”. Y para mí, todas estas preguntas tienen una sola respuesta: el Capital de Gracias. Ese es mi camino de santificación.
Me costó mucho entender la importancia del Capital de Gracias. Pensar que todo lo que nos cuesta, todo lo que nos enoja, todos nuestros defectos y toda nuestra pequeñez se la podemos ofrecer a la Mater para que la transforme. Y son esas pequeñas pero a la vez tan grandes acciones las que logran que María permanezca en el Santuario y obre sus milagros desde ahí. Somos sus aliadas, Ella cuenta con nosotras para dar respuesta al mundo que tantas dificultades presenta, quiere que salgamos y demos testimonio con nuestra propia vida. ¡Quiere que despertemos santidad en otros! Y es acá donde se complica, porque es en el día a día donde tenemos que dar ese “sí” que Ella dio.
Vivir y permanecer fiel en la Alianza de Amor no es fácil, pero es posible y alcanzable. Si me preguntan cómo hago yo, mi respuesta es simplemente que todo lo ofrezco y lo pongo en manos de María. Pero ese “todo” suena muy abstracto y poco tangible, y ahí es donde entran en juego los propósitos. Que sean prácticos, concretos, precisos, realizables, pero –por favor- ¡cómo cuesta! Desde el no responderle mal a mi hermano que dejó la heladera abierta por décimo octava vez en el día, hasta saludar con una buena sonrisa al señor colectivero. Desde algo tan insignificante como no comerme las uñas, hasta hacer la cama todas las mañanas para ahorrarle el trabajo a otro. Me pasa que muchas veces me pongo un propósito para la semana y que me cuesta ponerlo en práctica porque no fui lo suficientemente concreta. Por ejemplo, una vez le dije a la Mater que durante esos siete días iba a intentar ser más pura. ¿“Ser más pura”? María Solari, ¿algo menos práctico no se te ocurrió, no? Y sí, así me fue. Pasó la semana y ni yo podía revisar si había podido cumplirlo o no. Pero de todo se aprende, así que a la semana siguiente me propuse no salir con nada escotado o cortito. Estaba feliz porque eso sí que lo había podido empezar y terminar. Me había costado, pero se lo ofrecí a la Mater y ella lo transformó.
Es impresionante ver cómo, de a poco, uno va logrando dominar sus pasiones y su carácter gracias al Capital de Gracias. Cada esfuerzo que hacemos y que se lo damos a María como regalo de amor es como una soga que está unida a Ella y cuyo nudo se hace más y más fuerte. La Alianza, para mí, es una continua entrega; un pacto sellado en el que mi misión es que María se quede ahí, en ese Santuario, en ese hogar que tan cobijados nos hace sentir. Yo le doy mi pequeñez, Ella ya hará lo suyo; dejémosla tranquila y confiemos como lo hizo aquel grupito de jóvenes allá lejos en 1914.
Mi Alianza de Amor es permanecer fiel en ese diálogo constante con María. Reflejarla y ser instrumento, nunca olvidándome de que por mi entrega, muchos se salvan, muchos alcanzan la santidad. Porque “Nada sin ti, Nada sin nosotros”.
Meditación
¿Te preguntás como tenés que hacer para escuchar mi voz, para encontrarte conmigo, para sentir todo ese amor inmenso del que te hablo? ¿Te parezco inalcanzable, un misterio sin resolver? Si supieras hija mía, estoy tan cerca… solo debes escuchar mi voz…
MI VOZ DE PADRE EN EL TIEMPO…
…porque en toda la historia de tu vida dejé una huella imborrable. Ningún acontecimiento de tu vida me fue indiferente, ni pasó desapercibido a tus ojos. Pero quisiera que lo descubras vos misma… Pensa, ¿cómo te demostré Yo, Dios Padre, a lo largo de tu vida que te amo? Pensá en 3 regalos concretos que te haya hecho Yo durante tu infancia.
¿Y estos últimos años cuales fueron las experiencias que te marcaron? ¿Cómo me hice presente en esos acontecimientos?
Un tesoro en mi corazón
Mi corazón está en paz, mi espíritu reposa,tengo una madre y un padre, y una familia que crece.He descubierto un tesoro, dentro de mi corazón,tengo una madre y me acuna, que niño feliz que soy.
Mi padre es un padre bueno, pero también exigente,me pide que sea santo, en lo que haga diariamente.A todos los llamo hermanos, y los invito a que vengana esta familia que un PADRE y una MADRE los esperan.
MI VOZ DE PADRE EN TU SER…
…porque fuiste creada a imagen y semejanza mía. También me ocupé de dejar algo mío en tu estructura de ser, en tu personalidad. Si mirás más de cerca vas a descubrir rasgos tuyos que son en realidad míos. ¿Qué rasgos de tu personalidad “heredaste” de mi, Dios Padre? ¿En qué cosas te ves parecida a mí? ¿Qué cosas reconoces en tu personalidad te hacen sentir MI hija?
Se que muchas veces hay cosas que no te gustan de vos, y en las que no me ves en lo absoluto; características de tu personalidad que se vuelven como una cruz y que te gustaría no haber tenido. Sin embargo, en esas cosas también estoy yo, porque esas cosas te hacen sentir pequeña, te hacen volver tu mirada a Mi y prescindir de Mí. No olvides que cuanto más pequeña te experimentes, tanto más amor podré derramas sobre vos. ¿Qué cosas existen en tu personalidad que te hacen sufrir y te hacen sentir pequeña? ¿Cómo reaccionas frente a ellas? ¿Y si me las regalás para que yo obre milagros y las transforme?
MI VOZ DE PADRE EN TU ALMA…
…porque también dejé indicios de mi amor en tu corazón. Cada vez que sentís como un fuego que te quema por dentro que te impulsa a hacer el bien, a buscar la verdad y a trabajar por la justicia, ese soy yo que vivo en vos. Cada vez que de tu corazón brota el amor y la paz, cada vez que te emocionas frente a un niño, a la naturaleza, frente a algún milagro de amor, ese soy yo, que hago latir más fuerte tu corazón. Por eso te pregunto, ¿qué cosas cautivan tu corazón y despiertan tu alma de manera especial? ¿Qué es aquello que te impulsa a vivir y a amar?
Te hablo también a través de los símbolos, a través de las imágenes, a través de las canciones, que te llegan a vos de manera especial, como no le llegan a nadie más. ¿Qué canciones, oraciones, imágenes son tus preferidas? ¿Por qué? ¿Qué mensaje mío pensas se esconde detrás de ellas que te cautiva tanto?
¿Podés verme más claramente ahora? ¿Ves que soy una REALIDAD CONCRETA, que soy un DIOS PERSONA, un DIOS PADRE, TU PADRE? Si todavía te cuesta no te preocupes, no tengas miedo, es un camino… pero no te preocupes Hija, yo voy contigo. Pero no te olvides que si querés ser santa, lo único que tenés que hacer es amarme como a un Padre, y dejarte amar por Mí; el resto se dará por añadidura.
La HIJA le contesta a SU PADRE…
¿Sabés qué, Padre mío? Creo que te olvidé un poco. Sí, aunque no parezca. Olvidé lo mejor de nosotros dos, lo mejor que teníamos y lo que me daba tanta fuerza y felicidad. Olvidé nuestra intimidad. Tanto hablar de Vos, tanto buscarte en los otros, tanto querer imitarte y trabajar por tu Reino que te olvidé. Me estás diciendo, claramente:
“Gracias, pero yo no quiero tanto trabajo, tantas palabras, tantas obras. Yo quiero más que nada TU AMOR. Yo quiero que pasemos tiempo juntos, que te dejes descubrir por mi amor, que me dejes amarte y que me ames. Los dos solitos, en la soledad de nuestro Santuario. Cuando nadie nos interrumpa. Cuando no haya nadie que pueda juzgarte, exigirte. Yo tampoco te condeno, eso lo sabés bien. Te lo grabé en el alma hace mucho. Por eso, a pesar de lo que tu cabecita piensa, seguís adelante. Porque me sabés Padre, aunque muchas veces no me sientas. No me entendés como juez en algunos momentos, y te olvidaste de algunas cosas. ¿Y todo eso, por qué? Porque dejaste para lo último lo mejor y lo más impórtate: NOSOTROS. Yo, tu Dios, y vos, mi hija muy amada. Volvé, te extraño...”
Nosotros Padre. Al final de día siempre estamos nosotros dos. Y a veces... es bueno que estemos SOLO NOSOTROS DOS.
En este momento el Cielo se regocija, porque la hija vuelve a los brazos del Padre. Y la hija es feliz, porque se da cuenta de lo que se había estado perdiendo, y de que ya nada la va a hacer partir de nuevo.
¿Cómo es mi diálogo y mi vínculo con Dios? ¿Cultivo mi vida de oración? ¿Qué es para mí la oración? ¿Cómo me gustaría que fuera de acá en adelante?
Siento tu bondad y tu cercanía que brinda calidez. Quisiera quedarme junto a vos, porque en tu cercanía me siento bien. al igual que una planta joven necesito de vos para apoyarme y ganas altura. Porque entrelazada y sostenida voy confiada por la vida. de tu mano mis pasos se hacen más rápidos y seguros y respiro libre de temores. Apoyándome en tu yo, crece mi yo. ¡Sos mi felicidad! Si vamos tomados de la mano, ningún camino es demasiado largo y la mutua compañía nos hace felices. Y todo este cariño experimentado a tu lado me urge transmitirlo. Yo te pido, ya no me sueltes nunca más. Me confío a vos de corazón.
“LOS SANTOS HAN COMENZADO A AMAR CUANDO SE SUPIERON, SE SINTIERON Y SE EXPERIMENTARON AMADOS” PK
…por eso, si de verdad querés ser esa MUJER NUEVA que DESPIERTA SANTIDAD, la clave está en trabajar el sentirte HIJA DE DIOS, en abrir el corazón al AMOR DEL PADRE, porque solo fundada en ese amor es que vas a poder decirle a Dios con todo el corazón y regalándole toda tu libertad “Sí Padre, sí, que se haga tu voluntad, aunque me traiga alegría, tristeza o dolor”.
¿Cómo aspiro a la santidad? Si preguntamos a la gente qué piensa que es la santidad, la mayoría pensará que es algo imposible de alcanzar, y que sólo son santos aquellas personas consagradas a Dios...
¿Y por qué no podemos ser santos los jóvenes? Ahí es donde entramos nosotras, la JF, al demostrar que la santidad es posible y un llamado para todos. Para mi, ser santa es un continuo aspirar a seguir las Huellas de Dios, a descubrirlo en los demás, y a transmitirlo con nuestra vida, con nuestro testimonio. Somos humanos y por eso no nos resulta nada fácil: en el camino nos caemos, nos olvidamos por momentos, nos confundimos, atravesamos distintas etapas pero lo más importante es pararnos a pesar de las caídas, retomar el camino con más fuerza todavía, aprender de cada error, de cada situación..
Al hablar de mi experiencia personal, cómo aspiro a la santidad, tengo que admitir que es bastante corta...
Hace poco tiempo que descubrí realmente el sentido de buscar la santidad permanentemente; me di cuenta que era feliz sólo al hacer las cosas que valen la pena: aquellas que Dios quería que realice. Cuando caía en la masificación por ejemplo y hacía lo mismo que los demás, no me sentía yo misma; eso no era lo que la Mater deseaba para mí...
Todo esto lo descubrí al entrar a la JF! Quizás suena exagerado, pero realmente fue así... en el movimiento aprendí que de a poquito, ofreciendo cada sacrificio a la Mater recibimos cosas mucho más grandes!!! No contestar mal a los padres, cambiar mi programa favorito de TV por una reunión de grupo, esforzarme en el colegio para superarme a mí misma, comportarme puramente cuando salgo con mis amigas, son algunos ejemplos de distintas actitudes que en definitiva no son un sacrificio, porque también nos hacen felices a nosotras al acercarnos cada vez más a nuestro Padre Dios...
El motor que me impulsa a seguir intentando es el anhelo de, cada día, parecerme más la Mater unido al ideal de llegar a ser, como toda JF en este año, una Mujer Nueva que Despierta Santidad en todo lugar y en todo momento, una mujer pura que es un milagro vivo de María, que encarna el ideal de la Mujer Nueva que pensó para nosotras el Padre Kentenich. Y cuando uno dice Sí a esa Misión del Padre, la Mater nos pone en el camino chicas que nos acompañan en el anhelo a la santidad, hermanas de grupo, otras chicas de la JF de mi provincia, las jefas de rama, nuestra familia, las hermanas asesoras, todas ellas nos ayudan a tener bien presente el plan del Padre Dios para nosotras y a aspirar cada vez más alto.