Santidad es magnanimidad
“No soy mezquino, no estoy midiendo, no pregunto si debo hacerlo. He aquí la gran jugada: cuanto más apelemos al heroísmo del ser humano, en lugar de apelar sólo a su deber, tanto más y más pronto podremos ganárnoslo. Si no lo hacemos de ese modo, estaremos oprimiendo lo mejor que hay en él." (PK. El hombre heroico)
Santidad es libertad
"No debo decir: tienes que hacer esto; sólo debo decir: puedes hacer esto libremente. O bien, debo hacerlo, pero entonces se está entendiendo más bien un deber hacer que es un honor, un deber para alcanzar mi ideal, no para cumplir una obligación." (PK. El hombre heroico)
“Santidad es fina sensibilidad para lo noble”
"Nos damos cuenta del valor que asigna Ignacio al heroísmo y quisiéramos preguntarnos si nuestra alma ha perdido, quizá el sentido para el heroísmo. Está bien que no pequemos, pero, más allá de esto, tal vez no tenemos ideales. ¿Acaso no ha sido esto nuestra actitud en muchas oportunidades? (…) El núcleo de la actitud interior, del heroísmo, de la magnanimidad debe permanecer siempre. Si queremos corresponder a nuestra tarea, nunca alcanzaremos nuestra meta si medimos con una medida escasa. Hemos de tener un profundo respeto ante los hombres que debieron soportar golpes duros y durísimos y que maduraron en la vida pero que, a la altura de la plena madurez de su vida, han conservado esa fina sensibilidad para lo noble y lo mejor. Por eso debemos renovar en nosotros una actitud de este tipo." (PK. El hombre heroico)
Santidad es humildad
"Esta grandeza de espíritu se encuentra en la misma línea que la humildad. La humildad señala al hombre la actitud que debe asumir al verse separado de Dios: a partir de mí mismo soy infinitamente pequeño, soy nada. La magnanimidad señala al hombre la actitud que debe asumir en unión con Dios: con Dios soy grande, soy valioso, soy la encarnación de una idea de Dios llena de riqueza. Ambas la humildad y la magnanimidad deben estar entrelazadas." (PK. El Hombre heroico)
Santidad es amar
“Mi sí es un sí filial y alegre a mi camino de vida más seguro. Recuerden que ese sí supone igualmente heroísmo y audacia. En estos días imploremos esa audacia en la oración. Escuchamos que sólo quien de alguna manera posea un máximo de amor filial será capaz de tal audacia. De ahí que lo fundamental sea aspirar amar más. (PK. Niños ante Dios)
“Decimos pues que el amor es la esencia de la santidad, profundicemos este pensamiento repasando aquellas palabras de Jesús: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a este.” (Mt.22,37) Para interpretar este pasaje del Evangelio nos puede ser útil la meditación del texto de San Pablo donde el apóstol de los gentiles nos habla del amor como compendio de todo lo que Dios espera de sus hijos.
El amor es una fuerza unitiva y asemejadota. He aquí el pensamiento central que no debemos olvidar tan rápidamente. Si queremos llegar a ser hombres maduros, llenos de Dios y de elevada moral, debemos comenzar lo más pronto posible a amar y esforzarnos por amar hasta el último suspiro. San Pablo nos dice: “Yo olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante.” (Flp.3,13) También nosotros queremos lanzarnos hacia el amor de Dios porque esa es la fuerza unitiva y transformadora. Las virtudes morales transforman al hombre hasta un cierto punto; es recién el amor quien logra transformarlos en profundidad. Podemos decir que el amor es el alma, la madre, la reina de todas las virtudes. Así lo dijo San Pablo en su Himno al amor (1Cor13) donde enumera una serie de virtudes… el amor es paciente, manso, humilde. (PK. Niños ante Dios)
por Mery GiovanardiLos jóvenes miramos a los santos con distancia y admiración, como a integrantes de un panteón sagrado, tan inaccesibles para nosotros como las estrellas de Hollywood. Los vemos invencibles y diestros, autores de valerosas proezas y víctimas de martirios impensados. Hombres y mujeres sobrenaturales en circunstancias adversas. Nada que ver con nosotros, que no sufrimos persecuciones, gozamos de libertad de pensamiento y podemos elegir el estilo de vida que nos apetezca sin ser juzgados. Mc Donalds, delivery, dvds, zapping, tarjetas de crédito. Toda nuestra cultura esta configurada para evadir todo aquello que requiera esfuerzo, sudor y sangre. Por ello la santidad es recluida sólo a altares polvorientos.
¿Cómo hacer un buen packaging para la santidad? ¿cómo hacerla vendible para la juventud? El rostro apergaminado de Teresa de Calcuta. El hermoso semblante de Rosa de Lima tatuado por las cicatrices de su corona de espinas. La fisonomía ensangrentada y el corte varonil de Juana de Arco. El slogan de Santa Teresa: “Aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”. Con estos elementos, nuestro producto permanecería intacto en las góndolas hasta su fecha de vencimiento. En una sociedad instantánea, el sacrificio ya no vende.Tendríamos que contratar a alguna estrella de Casi Ángeles, vestirla con ropa de moda y lentes ultra grandes, y darle una línea graciosa y pegadiza para que la promocione.

Creer que la santidad es inalcanzable es una gran tentación. Esto nos sucede porque la asociamos directamente con prodigios y milagros y eclipsamos lo más vital en ella: la infancia espiritual. Santa Teresita de Lesieux decía:"La santidad consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal”. Nunca nos hubiésemos imaginado que el secreto estuviese en algo tan pequeño y olvidado. Esta niñez consiste en desnudarnos ante Dios, abandonarnos en Él con todas nuestras faltas y debilidades. Sabernos amadas a pesar de todo ello y siempre poder volver al regazo cálido de nuestro Padre.
El costado humano de los santos se revela ante nosotras. La infidelidad de Pedro. Los arrebatos de Pablo. El pasado de San Agustín. El primer paso para hacer a la santidad accesible es convencernos que todas estamos llamadas a ella, por más imperfectas y pecadoras. ¿Pero cómo hacerla atractiva? ¿Cómo contagiar a todos los que me rodean con este ideal? En segundo lugar debemos aprender que santidad no es estatismo contemplativo, sino acción. Es la hija volviendo a su Padre: misionando, sirviendo, rezando, regalando maternidad y alma a su entorno. Este ideal sólo se puede contagiar con alegría. Creer de verdad que aspirar a él requiere más actitud que cualquier hazaña que nos muestren en las novelas. Venderla por lo que es: “Santidad: no es fácil, pero es para vos”. Y por qué no, ponerla de moda.

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