Testimonio de Mery Solari, JF Bella Vista, Universitaria.
Faltan pocos días para que se cumplan tres años de mi Alianza de Amor. Cuando pienso en este pacto que sellé con María no puedo dejar de sentirme privilegiada, porque soy conciente de que me eligió especialmente para ayudarla, libremente, en la construcción del Reino de Dios. Ante esto me surgen varias preguntas; “¿Cómo puedo yo colaborar en algo tan grande? ¿Fui elegida entre tantas personas? ¿Seré capaz, cómo hago? ¿Acaso no hay personas que tengan más herramientas que yo?”. Y para mí, todas estas preguntas tienen una sola respuesta: el Capital de Gracias. Ese es mi camino de santificación.
Me costó mucho entender la importancia del Capital de Gracias. Pensar que todo lo que nos cuesta, todo lo que nos enoja, todos nuestros defectos y toda nuestra pequeñez se la podemos ofrecer a la Mater para que la transforme. Y son esas pequeñas pero a la vez tan grandes acciones las que logran que María permanezca en el Santuario y obre sus milagros desde ahí. Somos sus aliadas, Ella cuenta con nosotras para dar respuesta al mundo que tantas dificultades presenta, quiere que salgamos y demos testimonio con nuestra propia vida. ¡Quiere que despertemos santidad en otros! Y es acá donde se complica, porque es en el día a día donde tenemos que dar ese “sí” que Ella dio.
Vivir y permanecer fiel en la Alianza de Amor no es fácil, pero es posible y alcanzable. Si me preguntan cómo hago yo, mi respuesta es simplemente que todo lo ofrezco y lo pongo en manos de María. Pero ese “todo” suena muy abstracto y poco tangible, y ahí es donde entran en juego los propósitos. Que sean prácticos, concretos, precisos, realizables, pero –por favor- ¡cómo cuesta! Desde el no responderle mal a mi hermano que dejó la heladera abierta por décimo octava vez en el día, hasta saludar con una buena sonrisa al señor colectivero. Desde algo tan insignificante como no comerme las uñas, hasta hacer la cama todas las mañanas para ahorrarle el trabajo a otro. Me pasa que muchas veces me pongo un propósito para la semana y que me cuesta ponerlo en práctica porque no fui lo suficientemente concreta. Por ejemplo, una vez le dije a la Mater que durante esos siete días iba a intentar ser más pura. ¿“Ser más pura”? María Solari, ¿algo menos práctico no se te ocurrió, no? Y sí, así me fue. Pasó la semana y ni yo podía revisar si había podido cumplirlo o no. Pero de todo se aprende, así que a la semana siguiente me propuse no salir con nada escotado o cortito. Estaba feliz porque eso sí que lo había podido empezar y terminar. Me había costado, pero se lo ofrecí a la Mater y ella lo transformó.
Es impresionante ver cómo, de a poco, uno va logrando dominar sus pasiones y su carácter gracias al Capital de Gracias. Cada esfuerzo que hacemos y que se lo damos a María como regalo de amor es como una soga que está unida a Ella y cuyo nudo se hace más y más fuerte. La Alianza, para mí, es una continua entrega; un pacto sellado en el que mi misión es que María se quede ahí, en ese Santuario, en ese hogar que tan cobijados nos hace sentir. Yo le doy mi pequeñez, Ella ya hará lo suyo; dejémosla tranquila y confiemos como lo hizo aquel grupito de jóvenes allá lejos en 1914.
Mi Alianza de Amor es permanecer fiel en ese diálogo constante con María. Reflejarla y ser instrumento, nunca olvidándome de que por mi entrega, muchos se salvan, muchos alcanzan la santidad. Porque “Nada sin ti, Nada sin nosotros”.
Faltan pocos días para que se cumplan tres años de mi Alianza de Amor. Cuando pienso en este pacto que sellé con María no puedo dejar de sentirme privilegiada, porque soy conciente de que me eligió especialmente para ayudarla, libremente, en la construcción del Reino de Dios. Ante esto me surgen varias preguntas; “¿Cómo puedo yo colaborar en algo tan grande? ¿Fui elegida entre tantas personas? ¿Seré capaz, cómo hago? ¿Acaso no hay personas que tengan más herramientas que yo?”. Y para mí, todas estas preguntas tienen una sola respuesta: el Capital de Gracias. Ese es mi camino de santificación.
Me costó mucho entender la importancia del Capital de Gracias. Pensar que todo lo que nos cuesta, todo lo que nos enoja, todos nuestros defectos y toda nuestra pequeñez se la podemos ofrecer a la Mater para que la transforme. Y son esas pequeñas pero a la vez tan grandes acciones las que logran que María permanezca en el Santuario y obre sus milagros desde ahí. Somos sus aliadas, Ella cuenta con nosotras para dar respuesta al mundo que tantas dificultades presenta, quiere que salgamos y demos testimonio con nuestra propia vida. ¡Quiere que despertemos santidad en otros! Y es acá donde se complica, porque es en el día a día donde tenemos que dar ese “sí” que Ella dio.
Vivir y permanecer fiel en la Alianza de Amor no es fácil, pero es posible y alcanzable. Si me preguntan cómo hago yo, mi respuesta es simplemente que todo lo ofrezco y lo pongo en manos de María. Pero ese “todo” suena muy abstracto y poco tangible, y ahí es donde entran en juego los propósitos. Que sean prácticos, concretos, precisos, realizables, pero –por favor- ¡cómo cuesta! Desde el no responderle mal a mi hermano que dejó la heladera abierta por décimo octava vez en el día, hasta saludar con una buena sonrisa al señor colectivero. Desde algo tan insignificante como no comerme las uñas, hasta hacer la cama todas las mañanas para ahorrarle el trabajo a otro. Me pasa que muchas veces me pongo un propósito para la semana y que me cuesta ponerlo en práctica porque no fui lo suficientemente concreta. Por ejemplo, una vez le dije a la Mater que durante esos siete días iba a intentar ser más pura. ¿“Ser más pura”? María Solari, ¿algo menos práctico no se te ocurrió, no? Y sí, así me fue. Pasó la semana y ni yo podía revisar si había podido cumplirlo o no. Pero de todo se aprende, así que a la semana siguiente me propuse no salir con nada escotado o cortito. Estaba feliz porque eso sí que lo había podido empezar y terminar. Me había costado, pero se lo ofrecí a la Mater y ella lo transformó.
Es impresionante ver cómo, de a poco, uno va logrando dominar sus pasiones y su carácter gracias al Capital de Gracias. Cada esfuerzo que hacemos y que se lo damos a María como regalo de amor es como una soga que está unida a Ella y cuyo nudo se hace más y más fuerte. La Alianza, para mí, es una continua entrega; un pacto sellado en el que mi misión es que María se quede ahí, en ese Santuario, en ese hogar que tan cobijados nos hace sentir. Yo le doy mi pequeñez, Ella ya hará lo suyo; dejémosla tranquila y confiemos como lo hizo aquel grupito de jóvenes allá lejos en 1914.
Mi Alianza de Amor es permanecer fiel en ese diálogo constante con María. Reflejarla y ser instrumento, nunca olvidándome de que por mi entrega, muchos se salvan, muchos alcanzan la santidad. Porque “Nada sin ti, Nada sin nosotros”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario