¿Qué es para vos la Santidad?
¿Qué se piensa generalmente cuando hablamos de Santidad?
Uno se imagina con frecuencia que la Santidad consiste en hacer milagros, en realizar todo lo bueno y noble que sólo es posible en sueños… Quizás tenemos la imagen de santo que tenía Karl, el mejor amigo de José Engling, él decía:
"Cada vez que escucho la palabra "santo" aparece ante mi espíritu una personita profundamente asustadiza, de rostro pálido, pómulos salientes, ojos hundidos y vestido con traje de penitente que en la mano izquierda probablemente lleva un crucifijo y en la derecha un enorme látigo."
Sí muchas veces pensamos así… no tenemos en cuenta que los santos eran hombres de carne y hueso como nosotros y que tenían que luchar igual que nosotros… pensamos que la santidad hace al hombre inútil para la vida práctica… En los desafíos que el mundo actual nos presenta muchas veces nos cuestionamos si este ideal es compatible con la mujer y eficiente que queremos ser… si no es algo anticuado... si realmente es para nosotros...
Para nuestro Padre y Fundador, la Santidad es lo más sencillo del mundo, es el amor del niño al Padre... El Padre también solía contar una anécdota que nos puede clarificar su concepto de Santidad:
“Cierta vez el rey quiso saber qué había aprendido su hijo en las clases de catequesis “¿para qué estamos en la tierra?”, le preguntó. La respuesta hubiera sido “para amar a Dios, para servirlo”. Pero el príncipe, en lugar de repetir la frase de memoria, se echó a los brazos del rey diciendo: “Estoy en la tierra para amar a mi papá con todo mi corazón”.”
Este es un modo muy hermoso de definir la Santidad ya que la clave es el Amor. Los santos comenzaron a ser santos cuando se sintieron profundamente amados... y por eso la Santidad es algo muy sencillo porque simplemente es la respuesta de amor a un Amor que nos amó primero, porque es Dios quien toma la iniciativa. Es Dios quien desde toda la eternidad me ama con un amor infinito, quien me eligió como su hijo amado para alcanzar esta gran meta.
Yo sólo tengo que responder a ese Amor, tengo que corresponderlo... ¿Cómo lo hago? Descubriendo su presencia cada día y diciéndole sí a todos sus deseos... Cuando uno ama siempre quiere a ser lo que le da más alegría al Amado, quiere estar siempre en su presencia, junto a Él.
¡Amar al Padre con todo el corazón! ¡Esa es la clave!!! El amor, por lo tanto, es el fundamento de nuestra aspiración a la Santidad, de nuestra voluntad de vivir en la presencia del Padre Dios.
Para descubrir su amor y su presencia en nuestras vidas les proponemos preguntarse:
¿Qué muestra del amor de Dios Padre he recibido en estos días?
Además de saber que la Santidad es mi respuesta de amor también es esencial el querer ser santo.
Sabemos que los santos no fueron santos desde la cuna. No se hicieron santos a través de experiencias místicas... Tuvieron que vencer los mismos obstáculos que nosotras, también tuvieron el pecado original... Podemos pensar en San Pablo que decía: “No hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero” o en San Pedro que negó a Jesús o si pensamos en nuestros santos schoenstattianos; José Engling con su carácter tan fuerte que estallaba en ira, o la Hna. M. Emilie que experimentó por largos años un miedo paralizante, que tenía complejos de inferioridad, celos...
De todos ellos podemos aprender el arte de QUERER... Es decir esa voluntad firme que no se dejaba ganar por los estados de ánimo o por los sentimientos... sino que cuando descubría la voluntad de Dios se lanzaban a realizarla... esto sí que implica heroísmo. Tenemos que quererlo y quererlo seriamente y con perseverancia. Los santos reunían cada día sus fuerzas, ellos no son otra cosa que la buena voluntad de los hombres canonizada.
Ahora podemos responder la tercera pregunta de la ficha:
¿Con qué pequeño gesto puedo empezar hoy mi camino de Santidad?
Ante este ideal tan elevado es lógico que experimentemos nuestra limitación y pequeñez. Este párrafo del diario de José Engling nos muestra su lucha.
“La vida de San Gabriel me guió hacia la vida interior y me enseñó a caminar en la presencia de Dios. Estoy leyéndola por segunda vez, diariamente leo un capítulo (a veces la mitad) y siempre la medito. Su ejemplo me hace ver mis faltas, yo creo haber avanzado mucho y sin embargo no veo otra cosa que faltas en mí. Cuando observo su conducta y quiero orientarme por ella pierdo el valor. Cada virtud que él tenía me parece que me falta a mí. Pero la Santísima Virgen tiene que ayudarme. Debo llegar a ser santo más grande aún que San Gabriel. San Gabriel, dame un gran amor, si un inmenso amor a mi Madrecita y seré perfecto como tú.”
Es natural que sintamos ese descontento de nosotros mismos y es lógico que se nos presenten grandes experiencias de pequeñez... Muchas veces podemos decir: “La que soy saluda con tristeza la que quisiera ser...” Quizás nos haya pasado que después de sellar la Alianza, o después de un retiro o de una misión hayamos caído más que antes… ¿Por qué Dios permite que experimentemos estos fracasos? Porque el reconocer nuestra pequeñez de hijos nos abre el camino a la misericordia del Padre. Porque el fallar quiere ser un volver a empezar. Porque sólo en la pequeñez descubro la grandeza de Dios.
También podemos decir que es muy importante el querer serlo HOY Y NO MAÑANA. La Hna. M. Emilie se decía muchas veces al día: “Hoy debe ser mi día de conversión, hoy debo ser totalmente santa. El Señor me da la fuerza para ello a través de la Santa Misa.”
Por último en el camino de santidad querer se tiene que trocar en ser... Querer ser santo pero también serlo... Serlo en la magnanimidad con que hago cada actividad, en la pureza de mis intenciones, en el amor con que actúo, en lo pequeño y más pequeño... Santo es quien vive santamente. ¡Hoy estamos llamadas a la Santidad!!! LA REVOLUCIÓN DE LA SANTIDAD, QUE NOS PROPONE EL SANTO PADRE, BENEDICTO XVI, EMPIEZA HOY.
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